Visita al comedor: Junio


Visité el comedor en el horario de jardín. Lxs niñxs entraron muy contentxs por el patio, un día luminoso y templado. Las maestras y auxiliares lxs dirigieron hasta las mesas, que les esperaban ya armadas, algunxs niñxs se ubicaron solxs y otrxs esperaron a que les asignen un lugar. En general había un clima festivo, las puertas y ventanas estaban abiertas e ingresaba una brisa que por momentos podía llegar a ser un poco fría.
Una vez ubicadxs y sin dejar de charlar y moverse constantemente, lo que no generaba ningún desorden porque cada unx permanecía en su silla, las maestras y auxiliares sirvieron el agua y comenzaron a llegar los platos: ternerita guisada con arroz con manteca y queso. Había un cocinero detrás de las ventanas de la cocina que los servía, que es quien se encarga de todo el menú para jardín y primaria, y dos chicas que llevaban estos platos a las mesas.
La comida llegó calentita, una porción apropiada para niñes de 4 y 5 años. La carne cortada en trozos pequeños con una salsa muy rica, el arroz a punto, tal vez un poquito blando, pero no pasado. Tenía la cantidad de sal conveniente para un grupo de niñxs pequeñxs.
En todo el almuerzo lxs niñxs no dejaron de moverse en sus sillas y charlar entre ellxs, lo que hacía que las maestras y auxiliares tuvieran que recordarles pacientemente que comieran. Probablemente esto generó también que la mayoría no llegara a terminar su plato y pasara al postre, que en algunos casos tampoco llegaron a comer. Esta situación me hizo pensar en que tal vez el tiempo del que disponen para acomodarse, comer y retirarse del comedor sea poco para niñxs de estas edades (11.30 en punto llegan al comedor, 12 en punto ya están subiendo la escalera del jardín). Pero también pienso que tal vez sea parte del proceso de aprendizaje, donde de a poco irán comprendiendo que, si bien compartir la mesa con amigxs y compañerxs es un momento social muy importante, también se trata del momento de comer, que no puede ser eterno.
De postre media manzana cortada en rodajitas. En mi caso los trozos de manzana llegaron con agua. Noté que las maestras y auxiliares estuvieron atentas a que, si algunx no había casi ni probado el plato, al menos comiera el postre. Pero en casi todos los casos, el que no comieran no parecía que se debiera a que no les gustaba, más bien no parecían tener hambre.
La mitad o más de la comida que se sirvió se tiró. Muy pocxs niñxs comieron el plato completo, que por cierto les resultó complicado porque el tenedor no les permitía recoger el arroz con facilidad.
Una vez que la mayoría terminó su postre fueron formando una fila y salieron muy alegres por el pasillo que rodea el patio por el que habíamos entrado. Primero la salita de 4 y después, cuando ya habían subido las escaleras del jardín, la salita de 5. Todo muy organizado, con un trato alegre y cariñoso.

Marisa Rubio

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